Duplicado de SIM: la estafa que empieza sin cobertura
Si tu móvil se queda sin servicio sin motivo, puede no ser la antena. Cómo funciona el duplicado fraudulento de SIM, qué hacer la primera hora y quién paga.
En este artículo
Son las once de la mañana, estás en la oficina de siempre y el móvil pone «Sin servicio». Reinicias. Nada. Sacas la SIM y la vuelves a poner. Nada. Piensas que será la cobertura, que ya volverá, y sigues con lo tuyo.
Esa hora de paciencia es exactamente lo que necesita quien acaba de pedir un duplicado de tu tarjeta SIM haciéndose pasar por ti.
No es la antena: es tu línea en otro teléfono
Cuando una operadora emite un duplicado, desactiva la SIM anterior. Es el comportamiento normal y deseable: si has perdido el móvil, no quieres que la tarjeta antigua siga funcionando. El problema aparece cuando quien pide el duplicado no eres tú.
El INCIBE lo describe sin rodeos: los delincuentes «intentan duplicar de forma fraudulenta la tarjeta SIM del dispositivo móvil de una persona», suplantando su identidad, y una vez que la víctima se queda sin servicio telefónico toman el control de sus cuentas «utilizando los SMS de verificación que llegan al número de teléfono».
La parte que casi nadie cuenta es que el duplicado no es el primer paso, sino el penúltimo. Para que una operadora se crea que eres tú hacen falta datos tuyos: nombre, DNI, fecha de nacimiento, domicilio de facturación, a veces los cuatro últimos dígitos de la cuenta bancaria. Eso se consigue antes, por otra vía: un SMS que imita a tu banco, una página falsa de inicio de sesión o una filtración de datos de cualquier servicio donde estuvieras registrado.
Por qué el SMS es el eslabón que cede
El móvil se convirtió en la llave de todo por una razón regulatoria: desde que la normativa europea de pagos exige confirmar las operaciones con un segundo factor, ese segundo factor viaja muchas veces en un SMS. El propio INCIBE lo señalaba ya en 2019: conseguir ese código de un solo uso «será vital para todo aquel estafador que quiera confirmar un pago online».
De ahí la conclusión incómoda: el SMS no es un buen segundo factor, porque no está atado a tu teléfono, sino a tu número, y un número se puede trasladar. Donde el servicio lo permita, conviene cambiarlo por una aplicación de códigos (Google Authenticator, Microsoft Authenticator, Aegis, la del propio banco) o por una llave de acceso o passkey, que no se puede reenviar a nadie.
No siempre se puede. Muchos bancos españoles siguen usando SMS y no ofrecen alternativa. En ese caso, lo que queda es detectarlo rápido.
Las tres señales
- Te quedas sin cobertura donde siempre tienes, y no vuelve en un rato. El INCIBE recomienda contactar con la operadora si esto pasa y desconoces la causa.
- Te llega un aviso de duplicado o un cambio de SIM que no has pedido. Es la señal más clara y la más fácil de ignorar entre notificaciones.
- Al conectarte a una wifi se te llena el correo de restablecimientos de contraseña, confirmaciones o avisos de transferencias. Si has llegado aquí, el fraude ya está en marcha.
La primera hora, en este orden
El orden importa, porque mientras tu número siga en el móvil del estafador cada paso que des por SMS juega en su contra.
- Llama a tu operadora desde otro teléfono y di literalmente que crees que se ha emitido un duplicado fraudulento de tu SIM. Pide que anulen esa SIM y que bloqueen nuevas solicitudes.
- Llama al teléfono de incidencias de tu banco y pide el bloqueo de tarjetas y de la banca online. No esperes a ver si hay cargos.
- Desde otro dispositivo, cambia las contraseñas del correo primero y del resto después, y revisa qué segundo factor tiene configurado cada cuenta. El correo es la llave maestra: si lo tienen, lo demás cae detrás. Hay una guía más detallada en qué hacer si te han hackeado el correo.
- Guarda pruebas: capturas de la pantalla sin servicio, horas de las llamadas, correos recibidos, los movimientos. Te harán falta.
- Denuncia ante la Policía Nacional o la Guardia Civil. Y si tienes dudas sobre el proceso, el 017 del INCIBE es gratuito y atiende todos los días del año.
Quién paga: lo que está claro y lo que no
Aquí conviene ser honesto, porque abundan los artículos que prometen una devolución automática.
Lo que existe es un marco legal: el Real Decreto-ley 19/2018 de servicios de pago regula en sus artículos 43 a 46 la notificación de las operaciones no autorizadas, la prueba de la autenticación —a quién le toca demostrar que la operación se autenticó bien— y la responsabilidad del proveedor de servicios de pago y la del cliente. Ese es el terreno donde se discute.
Lo que no existe, a fecha de este artículo, es una doctrina del Tribunal Supremo específica sobre duplicados fraudulentos de SIM. Lo que hay son resoluciones de juzgados caso por caso, y resoluciones de la Agencia Española de Protección de Datos que han sancionado a operadoras por emitir duplicados sin verificar bien la identidad. En noviembre de 2025 se conoció una sentencia de un juzgado de Plasencia que condenó a Vodafone y a Ibercaja a devolver 22.833 euros a una clienta afectada: según la información publicada, el juzgado repartió la responsabilidad entre la operadora, por no identificar a quien pidió el duplicado, y el banco, por no aplicar medidas frente a un fraude conocido. No consta que sea firme.
La lectura práctica: reclamar tiene sentido y se gana, pero no es automático y depende de las pruebas que puedas aportar. Vale la pena reclamar por escrito a las dos partes —operadora y banco— y conservar la respuesta. El mismo criterio que con las devoluciones de Bizum: lo que decide el caso es quién autorizó qué y con qué pruebas.
El cambio que lleva cinco minutos
Entra en el banco y en el correo y mira qué método de verificación tienen puesto. Donde haya una alternativa al SMS, cámbiala hoy. Donde no la haya, apunta el teléfono de incidencias en algún sitio que no sea el móvil.
Y la próxima vez que te quedes sin cobertura más de media hora en un sitio donde siempre tienes, llama a la operadora desde otro teléfono antes de dar por hecho que es la antena. Esa llamada de dos minutos es toda la defensa que hay.